domingo 20 de septiembre de 2009
10 COSAS QUE NO ME GUSTAN
2- Verme en el espejo y no saber qué decir
3- Mirarte a los ojos y saber que no puedo comerme tu boca
4- Mis pies
5- El puto dinero
6- No saber quien soy los domingos al despertarme
7- La vulgaridad
8- Las despedidas
9- El escepticismo per se
10- La autocompasión
11- Conformarme
10 COSAS QUE ME GUSTAN
2- No tenerlo tan claro
3- El sexo
4- Intentar cambiar el mundo y acabar borracho
5- Hacerte reir
6- La palabra escrita
7- El rock en mis venas
8- TÚ
9- Escribir esta lista...acabándola
sábado 23 de mayo de 2009
EL CABARET DEL VICIO
En ciudades que ya no son bellas y te roban, hay impresos, garantías, notitas y una bota militar en la escalera. Hay sexo, muerte y cochambre en blanco y negro por un chavo, y aunque los trenes salen a su hora, no llegan a ninguna parte. Se enfrentan a sus responsabilidades aunque sea de rodillas. Hay mujeres que pasan frío y prefieren no mirar atrás. Y las viudas que se niegan a llorar se vestirán con una liga y un lazo, y aprenderán a levantar sus piernas en este cabaret del vicio. ¡Al fin el show del ballet del escenario en llamas! El documental visto en pantalla quebrada. ¡El horrible poema esbozado sobre una hoja arrugada! Hay un policía de alma honrada que lo ha leído y su cabeza está en otra parte, y gruñe y llena su jarrón de rosas con un sentimiento de inquietud. Después busca en la espina que queda una huella o una mancha carmesí, y se esfuerza por ignorar las cadenas que le sujetan los pies. Mientras, su señor, en la oscuridad cercana, se mira con un ojo brutal las manos que nunca desnudaron a una amante pero que han oprimido a una nación. Y en sus sueños íntimos anhela el áspero abrazo de crueles máquinas, pero su amante no es la que parece y, sin dejar una nota, se irá. ¡La tragedia de situación! ¡Gran ópera y culebrón! ¡Escaladores de la desesperación! El color del agua en la galería inundada. Hay una chica que empujará sin fuerza, desesperada por el amor de su padre. Cree que la mano bajo el guante es tal vez la que necesita tomar, y aunque duda de la moralidad de su anfitrión, está más tranquila en la tierraz de haz lo que quieras que afuera, donde hace frío. Pero el telón y las butacas dan pie y el elenco es devorado por la representación. Hay un asesino en la matinée, hay hombres muertos en el pasillo. Y ni los jefes ni los actores saben si el espectáculo ha acabado o no, y mirando de soslayo guardan cola. Pero la máscara helada sólo sonríe. ¡El himno que nadie canta jamás! ¡El coro del toque de queda! ¡La comedia divina! ¡Los ojos saltones de marionetas ahogadas por sus cuerdas! ¡Hay emoción y escalofríos, muchas chicas, canciones y sorpresas. ¡En este lugar hay algo para todos, reserve hoy su asiento! Hay perjurio y maldades. Pero no hay maricas, ni judíos, ni negros...en este carnaval de bastardos...¡EL CABARET DEL VICIO!
V de Vendetta (Alan Moore y David Lloyd)
jueves 21 de mayo de 2009
SE TRATA DE VENCER A LA ROCA
¿Cuál es el fin último de la vida humana? ¿Cuál es el motivo por el que Dios, Alá, Yahvé, quien sea, llámale “algo”, aunque sea la casualidad, nos ha colocado detrás de nuestros ojos? ¿Acaso estamos aquí para ver pasar la vida, sin más? ¿Existimos porque tiene que haber de todo (como en botica)?
Al sumergirme en lo más profundo de mí, y escribir sobre los aspectos realmente importantes de la vida, me gusta pensar en Sísifo, y en cómo llevaba la piedra hasta la cima de la montaña, para luego volver a bajar, eternamente.
Para entender el mito de Sísifo, hay que saber por qué fue castigado. La razón por la que el hijo de Eolo fue esclavizado por Plutón como si fuera un obrero, un obrero trabajando para no acabar nada, fue que en el instante justo antes de exhalar el último aliento, le pidió a su esposa Anticlea como prueba de su amor, que no enterrara su cuerpo. Y así hizo ella.
Sísifo, indignado con el comportamiento de ésta, le pidió al Dios de los infiernos que le dejara volver a la tierra para aplicarle el castigo conveniente a su esposa. Éste le permitió llevar a cabo tal venganza, pero con la condición de que volviera pasado unos días. Sin embargo, el astuto de Sísifo, se quedó a disfrutar de la vida terrenal durante años. Por lo que Plutón tuvo que recurrir a Mercurio para devolver a Sísifo al infierno, donde ya le esperaba la dichosa roca.
Escribía A.Camus que no existe peor castigo que el trabajo inútil y sin esperanza. Y qué razón llevaba. Imaginaros al pobre Sísifo, esforzándose heroicamente por hacer rodar ladera arriba esa piedra enorme, empujándola con sus manos, con sus hombros y con su rostro sudado por el cansancio. Imaginaros sólo por un instante, qué debería pasarle por la mente al bueno de Sísifo en esos duros momentos. ¿Creéis que supondría que al acabar la tarea que le habían encomendado, recibiría su justa y merecida recompensa? Tal vez así fuera, si no le hubieran condenado a desempeñar la misma horrible acción de subir y bajar, para siempre. Entonces yo me pregunto, ¿qué le motivaba cada vez que se disponía a coger la piedra? Supongo que algo tenía que haber, ya que dudo, al igual que Camus, que hubiera peor castigo. Si al menos Sísifo no se encontrara en el infierno, y su castigo no fuese eternamente duradero, podría tener la esperanza de que algún día le llegaría la muerte, y por extensión, la paz.
Figurémonos pues, que el castigo de nuestro amigo mitológico varía, cambiando sustancialmente las reglas, de forma que tendría que cargar con una piedra mucho más pesada, pero como recompensa, si fuera capaz de alcanzar lo más alto de la montaña, Plutón le dejaría morir. Entonces y sólo entonces, encuentro una justificación para llevar la maldita roca. Aunque a la vez cabría la opción de quedarse en la llanura, junto a la piedra. Al menos no tendría que cargar con ella por obligación. Se quedaría a “no hacer nada”. Pensándolo detenidamente, dudo que a Sísifo, al igual que a un servidor, le agradase dicha opción. Algo tiene que haber que motive nuestra existencia.
Pero ahora pensemos, que, como también decía Camus, Sísifo, en el castigo original, sufría de manera tormentosa con un fin mucho más valiente. Insuficiente para la mayoría, pero muy válido para él. En el momento justo en el que dejaba la roca en la cumbre, para que ésta cayera por su propio peso, tenía un momento para contemplar el paisaje. Y eso que se antojaba desolador, pues se encontraba en el inframundo. Pero para él, era lo suficientemente hermoso como para luchar arrastrando la roca una vez, y otra, y otra…
Si no fuera así, Sísifo habría sido derrotado por la misma piedra, y eso, no lo podía consentir.
“Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamamiento de la dicha se hace demasiado apremiante, sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poderla sobrellevar. […] Pero las verdades aplastantes perecen al ser reconocidas”
(Esta entrada va dedicada a mi amigo Nacho. Espero que te guste)
lunes 18 de mayo de 2009
DIVAGAR EN EL METRO CON HIRO NAKAMURA
Dicho esto, ¿a que no vendría mal poder parar el tiempo? Ya no digo viajar a través de él (ya escribiré sobre eso otro día, si me da la gana, claro :D), si no detenerlo.
Imaginaros la situación: te encuentras en una clase, sentado delante del examen, no has estudiado una m*****, ¿las chuletas? Te daba pereza currártelas la noche anterior. ¿Solución? "!Paremos el tiempo!". Cierras bien los ojos y aprietas con fuerza, al más puro estilo "Hiro Nakamura", y al abrirlos, tacháaaaaaaan, todos inmóviles en sus asientos, un avión de papel suspendido en el aire, y tú, totalmente libre (o libertino) para hacer cualquier cosa. ¿Quién no tendría la tentación de gastarle una broma pesada al profesor/a? ¿O de tocarle las tetas a la cachonda de turno? En realidad creo que haría cualquier cosa menos copiar el examen. Además, imagina que copias todo el examen en, digamos, un nanosegundo a los ojos de los otros. La gente pensaría que has hecho un cambiazo!!!
-Sí, bueno, es que soy así de maligno y perverso. Pero tú no te chives eh? Luego te invito a una cocacola, o te doy el número de mi hermana, según tu carencia de líquidos o de sexo en estos momentos.
Es obvio que ésta práctica sería más propia de un siervo de Satanás que de un buen samaritano, pero, ¿eso a quién le importa? ¿Acaso yo soy alguien para decidir lo que está bien o lo que está mal? Realmente puedo diferenciarlo, pero no criticar una acción de tamaña imprecisión moral. Además, qué coño! Los malditos profesores no se paran a evaluar éticamente sus acciones! Seguro que escogen las preguntas de los exámenes con mala leche, para que suspendamos.
Mañana mismo le pregunto a Hiro cómo se hace eso de parar el tiempo.